sábado, 17 de diciembre de 2011

ay una decima de segundo en la vida de cada persona, en la que piensas que ya no ay nada por lo que segir luchando, nada por lo que sacar las uñas y arañar al mal, que tanto dolor nos ace, al mal que tantas ganas nos da de llorar, de tirar todo lo luchado y consegido por la borda, de dejar todo atras, saltar al vacio, quitarse todo el peso de encima, sentir que vuelas libre. Como pajaro que vuela en el cielo,  parece tan feliz volando de un lao acia otro, como si nada le frenara, como si no tuviera peso que aguantar .. como si sus alas fueran de metal y el viento que sopla en contra, fuera ireal, como si todo el mundo esta al alcanze de un solo aletear..

La vida nos da increibles oportunidades por las que segir luchando o dejar todo atras, por las que llorar o por las que reir, por las que entregar todo lo que tienes, por las que no dar importancia a lo que no tienes y darle importancia a lo que si tienes.

 "Nadie me parece más desgraciado que el que
nunca experimentó una desgracia. Piensa que


entre los males que parecen tan terribles, no hay
ninguno que no podamos vencer; ninguno sobre el
cual no hayan triunfado los grandes hombres.
¡Sepamos triunfar también nosotros sobre algo!"
(Séneca)

 

La vida revela, incluso a los más afortunados, la experiencia del sufrimiento. Hay quienes están más protegidos contra el riesgo de padecer sufrimientos, y las condiciones socioeconómicas son un reaseguro contra gran cantidad de riesgos. Sin embargo, nadie está a salvo del dolor. Quien teme los dolores, teme lo que necesariamente habrá de alcanzarlo, tarde o temprano. Cuando alguien sufre y exclama: "¿Por qué tuvo que pasar esto?", nos muestra su consternación y el sinsentido del mal. Cuando alguien sufre y exclama: "¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?" nos muestra el lugar accidental -y no necesario- que le asignamos al dolor en nuestra vida. Nadie exclama "¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?"
cuando gana la lotería. Sentimos que el placer nos corresponde naturalmente.
El sufrimiento, en cambio, limita nuestras expectativas futuras o las suprime dolorosamente. Se vincula con la pretensión de poseer por completo algo que está sujeto al cambio, que es la forma más general de ser de todos los objetos y fenómenos. Reduce nuestra capacidad de obrar y, en situaciones extremas, se impone con tal fuerza que nos oprime el corazón y nos produce una feroz cerrazón en la garganta.

 Día y noche, femenino y masculino, frío y caliente, placer y dolor. Sufrimos porque hemos gozado. No como castigo por haber gozado. Si hemos de gozar, tendremos que saber que estaremos más expuestos al sufrimiento. Lao-Tzé lo dijo así: "Sólo reconocemos el mal por comparación con el bien". Y Platón en el Fedón: "¡Qué extraña cosa, amigos, parece ser eso que los hombres llaman placer! ¡Cuán admirablemente está relacionado por naturaleza con lo que parece ser su contrario, el dolor! No quieren presentarse los dos juntos en el hombre, pero si alguien posee uno de ellos, casi siempre está obligado a poseer también el otro, como si estuvieran atados por una sola cabeza, a pesar de ser dos".

 El poder de la costumbre revela los límites de la razón: el fumador sabe que el hábito de fumar puede sustraerle la vida misma (su razón ha sido persuadida sobre los peligros del cigarrillo), una vida que él desea fervientemente conservar, pero intenta dejar de fumar y no lo logra. El hábito somete como un déspota sanguinario. No siempre es posible librarse de él mediante razones, es preciso generar las condiciones para que otros hábitos los suplanten. Esa transición -entre un universo de hábitos y otro- suele ser dolorosísima.

Otro factor que contribuye a agudizar el dolor es el horror mismo al sufrimiento. Cuando se le hace mal a alguien, no sólo aparece el dolor o la angustia sino también el horror al dolor. Sufrimos por la pena que nos embarga, y también por autocompasión, por la injusticia de la que sentimos ser objeto. "La parte del alma que pregunta ¿por qué se me hace mal? es la parte de todo ser humano que ha permanecido intacta desde la infancia", escribe Simone Weil.

La necesidad de aceptar las circunstancias adversas y el dolor. Aceptar el cambio, incluso si es doloroso. Aceptar que el dolor es parte de la vida. Sufro, entonces existo. "De hombres es sentir los males, y flaqueza no sufrirlos", dice un refrán popular.

 Lo que es inevitable no debe lamentarse en exceso. Algo que ya ha sucedido no puede cambiarse, de modo que es inútil perder tiempo pensando que podría haber sido de otro modo. Los males inevitables hay que soportarlos y reservar nuestra energía para ahorrar los males evitables.

Alfonsina Storni --- ¡Adios!

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
?de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...




POEMAS DE AMISTAD

Es, tal vez un silbido
haciendo reír al viento,
jugando en la vida;
jugando en el tiempo.
Es la voz fresca,
que alegraba mis momentos
y el oído atento
que absorbía mis silencios.
Entre los dos hicimos
de una tristeza un sueño,
y nos reímos juntos
de un sentimiento sin dueño.
Supimos cambiar
el color de la vida;
tras una mesa de café
la noche llegó a ser día.
Y asi paso el tiempo
haciendo reír al viento
descubriendo la vida;
caminando en el tiempo
hasta que llegó a nosotros,
como llega el momento
de buscar otros rumbos
de cambiar nuestros sueños.
Y ahora, entre las sombras
de aquellos recuerdos
duerme nuestro sueño eterno,
mi amiga sincera

Una amiga, tu amiga
Con cada atención de sinceridad
va floreciendo nuestra linda amistad,
riégala siempre con palabras sinceras.
En la amistad no hay edades, ni posiciones,
no hay distancia, ni colores indicados,
Una amistad es un estimo
sin limite y sin frontera.
Es una entrega de sinceridad y honestidad.
Hay que conservarla y alimentarla
con mucho aprecio , y amor.
Amig@, bienvenida en mi corazón.
Tienes en mi una amiga, tu amiga.

Como todos sabemos que el cuidar nuestro planeta desde casa no es tarea difícil, solo tenemos que tener cultura ecológica y aprender a ahorrar energía.



En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa para las compras, ya que las bolsas plásticas no son buenas para el medio ambiente y era necesario tener cultura ecológica.

Este es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente.
La señora pidió disculpas y explicó:

Es que no había esta cultura ecológica en mis tiempos...

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda; la tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas, antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.
Pero no teníamos cultura ecológica en nuestros tiempos...

Subíamos las gradas porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos hasta el almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras.
Pero tenía razón: no teníamos la cultura ecológica en nuestros días...

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios; la energía solar y la eólica verdadera mente secaban nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores; no siempre modelitos nuevos.
Pero está en lo cierto: no teníamos una cultura ecológica en nuestros días...

En ese entonces teníamos una televisión o un radio en la casa, no un televisor en cada habitación; y la TV tenía una pantallas del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantalla del tamaño de un estadio.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hacían todo por nosotros.
Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plastificamos, ni bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto; usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad.
Pero está en lo cierto: en esos tiempos no había una cultura ecológica ...

Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasos o botellas de plástico, cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las plumas fuentes con tinta, en lugar de comprar una nueva; cambiábamos las hojas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.
Pero no teníamos una cultura ecológica por entonces...

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos; y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

Así que, ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botarates éramos los viejos por no tener esta cultura ecológica en nuestros tiempos?